No, no es una clase de gym. Este cuento es de Hugo Domínguez de México. Llegó a mis manos a través de mi mail donde vos también podés enviar cuentos propios. Por si no se acuerdan o no lo encuentran, acá está el link con todo lo necesario. Con todo dicho les dejo el cuento. ¡Disfruten!
Ahora te encuentras sentada, con la cabeza gacha y posiblemente con los tobillos cruzados debajo del escritorio que tienes enfrente. Te duele la cabeza, ya has leído quince cuentos hoy. Esa promoción de “escribe un cuento de terror, máximo una cuartilla y llévate tres libros”, te esta poniendo muy nerviosa últimamente. No has podido dormir bien y como ahora, te ha provocado un pequeño pulsar en la sien izquierda que es realmente molesto. Te frotas la frente con la mano derecha y con la izquierda dejas sobre el escritorio la hoja del cuento que acabas de terminar de leer, donde al final matan a una mujer llenándole la boca de canicas y así asfixiándola. Esa maldita promoción de escribe un cuento.
Te frotas los ojos debajo de los lentes y descubres en el reloj que ya es hora de irse. Observas el tiradero que hay frente a ti. Hojas por todos lados de cuentos de ensangrentados y vampiros y no se que tanto mas. Ya estás harta de leer acerca de sustos y espantos. Suspiras profundo y el eco de tu respiración se implanta en toda la habitación y parte del pasillo. Abres los ojos y te pones alerta. El silencio te hace pensar que es tardísimo, pero apenas son las siete de la noche, bueno, una hora mas que tu salida normal. Hechas una maldición a los faxes y te levantas de la silla que lanza un rechinido de protesta, mañana llamaras a mantenimiento para que le den una aceitada, piensas mientras tomas de la silla tu saco color beige y te lo pones. Ha estado haciendo frió últimamente. Se acerca invierno. Se acerca navidad. Fin de año.






