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Nov
21st

Recuerdos

Archivado bajo Cuentos, Cuentos Míos | 3 Comentarios

Lamento la ausencia (prolongada, por cierto) pero debido a unos contratiempos de índole personal y también complicaciones técnicas con el blog no pude actualizar ni siquiera subir algún dato curioso. Este post no pretende ser una reinauguración ni nada menos. Pero, para “llenar” el vacío que dejaron la ausencia de posts, he aquí otro cuento de mi autoría. Este cuento en particular lo escribí todo de un tirón, sin reescrituras ni nada por el estilo. Radica allí también la longitud (o más bien la falta de ella) que no se corresponde con mis anteriores cuentos. Bueno basta de cháchara y a leer cara**!!!!! Como siempre….¡Disfruten!

¿Dónde quedaron mis años? ¿Dónde quedaron esos momentos hermosos que viví? Supongo que es lo mismo que se preguntarán todos, pero ¿como pensar en estos sentimientos de manera objetiva?
Siempre vengo a este lugar, a la noche. Uno de los pocos lugares donde encuentro paz. Vengo religiosamente todos los días y me paso horas y horas caminando y meditando sobre mis años pasados. Curiosamente nunca pienso sobre los años que vendrán, simplemente no empeño tiempo en ello. A menudo recupero memorias que creía haber olvidado, como la vez que cumplí 8 años. Ese cumpleaños lo festejé en un salón, como se acostumbraba en los tiempos en que yo era chico. Un hermoso salón que mi mamá había decorado de manera espectacular. Recuerdo la impaciencia que me invadía cuando esperaba ansiosamente la llegada de mis compañeros de clase. ¿Qué regalos me traerían? ¿Vendrían todos mis amigos? Rezaba con que nadie repitiese su regalo, como me había pasado anteriormente. Esperando en el salón mi papá y mi primo me llevaron a la juguetería más cercana donde me pidieron que eligiera algún juguete. Cabe destacar que amo las jugueterías, me parecen uno de los pocos lugares donde la imaginación no se ve limitada. Aún cuando era mayor seguía visitándolas.

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Oct
1st

Cuarta Persona

Otro cuento lokoo. No, en serio, este cuento es quizás el más normal de mis cuentos pero a su vez extraño en narración. Soy así vio, qué se le va a hacer. Leanlo, y ustedes juzguen. ¡Disfruten!

Me encantan estos días, estos días en los cuales el sol resplandece como si fuese una pieza de oro real. Son aproximadamente las 9 de la mañana y espero unos minutos para despertar a mi mujer de la manera más amorosa y tierna que pueda, para luego invitarla a pasar el día fuera junto con nuestro hijo.
Mientras espero me enjuago las manos en el lavabo y aviento un poco de agua fría para despabilarme. Con la cara empapada me miro al espejo observando con especial atención cada una de mis características. Mi nariz prominente, mis labios perfectos (según mi mujer), mis ojos color azabache. Al mirar directamente en mis propios ojos quedo totalmente paralizado y atrapado por el color profundo de los mismos, achicando cada vez mas mi ángulo de visión hasta que salgo del estado hipnótico en el que me encontraba alejándome lentamente para poder apreciar el pelaje de color negro profundo de mi mascota, Charcol. Lo llamé así por su pelaje negro reminiscente del carbón, es por eso que Charcol es una deformidad de la palabra charcoal (carbón en inglés). Es un gato con una inteligencia casi a la par de la de un humano. No es por exagerar, sino que es verdaderamente inteligente; basta con observarlo cazar su platillo favorito, los insectos. No caza como cualquier animal que podrían ver en un documental sino que se divierte con ellos haciéndolos correr o poniéndolos boca arriba y viceversa, algo que me asombra ya que un animal que se dice se basa en el instinto, abusa de su poder para con otro ser vivo. Esa característica es propia del ser humano, y qué utilizada ¿verdad?

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Sep
2nd

El Coleccionista

Archivado bajo Cuentos, Cuentos Míos | 1 Comentario

Mirá, mirá tengo un cuento, mirá. Desvarío de lado les dejo mi última y más brillante creación (cualquieraaaa chabón). Bueno, el calificativo se lo ponen ustedes. Acuerdense de firmar no sean f*****. ¡Disfruten!

Siempre me maravillaron las cosas pequeñas, no me malinterpreten, toda la vida preferiría un abundante plato de comida a una porción minúscula digna de un pájaro; pero a lo que me refiero es a los detalles pequeños. Por ejemplo, cuando era niño coleccionaba soldaditos de plomo. Eran hermosos, cada uno con su respectiva arma y pose específica para cumplir su rol en el combate que mi mente, conjunta con mi imaginación, designase. Los compraba en unas revistas que vendían en los kioscos importadas desde Europa y cada vez que salían, el lunes de cada mes, iba corriendo al kiosco de mi barrio a comprarlas ya casi, como decía mi madre, de manera compulsiva.
Pero los comentarios de ella no me importaban demasiado porque cuando abría el paquete en el cual se encontraba envuelta la revista sentía una excitación y una emoción inigualables, es más, una vez sacado el soldadillo de plomo lo dejaba a un lado y me ponía a ojear la revista casi de un modo agresivo buscando cuantos números faltaban para completar mi colección o, por lo menos, que figura me tocaría el próximo lunes del mes siguiente. Una vez satisfecho mi apetito parcial por saber cual sería mi próxima figura a adquirir retomaba la figura nueva y la ponía junto a sus nuevos amigos, a los cuales, supongo, ya había conocido en donde los fabrican. Ahora a ustedes quizá les parecerá una manía estúpida o dirán, que desperdiciaba mi niñez con semejante banalidad, pero si sólo supiesen la alegría que yo tenía al jugar con ellos.

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Jul
30th

Archirrivales

Bueno acá va otro cuento de mi autoría, espero que les guste. ¡Disfruten!

Desde chico tuve problemas para relacionarme con las demás personas. Ya en el jardín de infantes presentaba estos síntomas que algunos podrían considerar patológicos, por ejemplo mientras todos jugaban, yo dormía la siesta. No lo hacía por llevarle la contra a mi profesora ni nada que se le parezca sino que no le veía el sentido a hacer algo que yo no quería en el momento que a mi profesora le pareciera.
Una vez ya dentro de la primaria mi comportamiento para con los demás cambió y se atenuó un poco mi aislamiento social, si puede llamársele así. Logré hacerme un grupo de amigos, compuesto por personas consideradas “raras” como yo, con el cual logré desarrollar mis habilidades sociales. Pese a pertenecer a un grupo al cual la gente miraba no con admiración sino como si estuviese observando a una nueva especie en el zoológico, logré destacarme entre ellos y fuera de este grupo. No conforme con mi desarrollado histrionismo, busqué diversas maneras de llamar la atención. A medida que pasaba el tiempo mi retórica mejoraba a pasos agigantados y podía envolver a cualquier persona en un relato, sin que él se diese cuenta de quién o qué estaba hablando, a menudo jugando con los artículos u obviando información. Por ejemplo, una vez con mis compañeros hicimos una especie de juego a ver quien podía contarle la historia más descabellada a una chica y que ella por lo menos se quedase con la duda de si era una historia verídica o el hábil invento de una mente juvenil. Está de más decir que el ganador de dicho juego era siempre yo, logrando a la larga el abandono del mismo por mis compañeros ya que ellos compañeros blandían la excusa de que no podían mentir de manera tan descarada como yo. Igualmente déjenme decirles que yo no mentía, no, ni lo más cercano; solo jugaba con el uso del lenguaje de una manera tan hábil que era imposible distinguir. Déjenme que les de un ejemplo. Un día volví a mi casa y le dije lo siguiente a mi madre:

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Jul
2nd

Primer Cuento: Sir Nicholas Dupin

Bueno este es el primero de los cuentos míos que iré publicando, publicaré un cuento por mes el primer lunes de cada mes. Luego durante todo el mes postearé cuentos de otros autores , noticias, cortometrajes, etc., pero no míos. Bueno basta de cháchara (como diría mi abuela) y acá está el cuento, espero que les guste (si no váyanse a la ****, chiste):

En la lúgubre Londres del siglo XIX un carruaje se dirige camino a la mansión de Sir Dupin; es de noche y pese a los esfuerzos de la luna llena por alumbrar los caminos, los árboles impiden el paso de la luz lunar mientras hablan entre ellos estrechando sus hojas unos con otros quizás burlándose de los inútiles esfuerzos de la insistente Luna. Debido a la poca luz y los difíciles caminos que debe atravesar es inevitable el constante movimiento de la caja del carruaje donde se encuentra Alan Ferguson, reputado burgués de Londres. Se dirige camino a la casa de Sir Nicholas Dupin, su querido amigo, el cual lo invitó con motivo de una reunión de despedida por su próximo viaje al exterior. El Sr. Ferguson si hay algo que odia es salir de su Londres natal y sólo lo hace para visitar a su amigo que habita en las afueras de la ciudad en una enorme mansión; él prefiere la ajetreada vida citadina de Londres a la cual está acostumbrado, con sus calles atiborradas de gente.

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