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Nov
4th

Ruidos

Perdonen mi ausencia, pero debido a unos problemas de índole técnico, no pude acceder al blog. Les comento que hay varios cuentos en espera para ser publicados, así que a no desesperar que se vienen varios. El primero de ellos es de un autor que ya publicó un cuento, más precisamente “Israel Esclavo en Egipto”, Fernando Murano. Bueno los dejo con otra obra de este autor…¡Disfruten!

Eliana me gritaba de lejos, agitaba sus brazos con fuerza, daba saltitos sobre el empedrado. Sus mejillas estaban de un color rojo intenso, su frente brillosa por la transpiración.
—No te entiendo —le gritaba yo desde la vereda de enfrente—. ¿Qué querés?
Las palabras eran inaudibles. Hubiera querido poder apagar con un botón el ruido ensordecedor de esa avenida, como con el del “mute” de control remoto. El arranque atronador del 60; la sirena histérica de la ambulancia que zigzagueaba debatiéndose entre los autos, camiones y peatones que cruzaban sin respetar semáforos ni sendas peatonales; el caño de escape suelto del infaltable pistero de los viernes a la noche; las hordas de personas que emergían de la escalera del subte, como hormigas espantadas por la inundación del hormiguero; el ansioso de rigor que no entendía, que por más que tocara bocina, la barrera que estaba a unas cuadras no se abriría hasta que pasara el tren; el cieguito (el ciego debe decirse, para no menospreciarlo, vio. Eso siempre me corrige Judith) metiéndole con todo a una vieja guitarra criolla de Antigua Casa Núñez y cantando una irreconocible samba catamarqueña.
—¡Que desgracia! —pensé— Si hay alguna razón por la que me volvería a Diamante mañana mismo para librarme de este bullicio. ¡Sí, señor! —Sentado en el patio de casa, cuando tomaba mate a la tardecita, podía escuchar el ruido de un caracol atravesando el cantero de los malvones. Como sería lo acostumbrado que estaba al silencio, qué si hacía calor y los grillos entonaban su chirrido característico, me resultaba incómodo, molesto, a veces insoportable.
Ahí nomás, cansado de tratar de adivinar que corno me decía Eliana, cruce la calle. Creo que no miré muy bien a mi derecha, sí porque como Cabildo es doble mano, si venía algún auto tenía que ser de mi izquierda. Pero no calculé la posible intervención de la última de las plagas urbanas: las motitos del delivery. Eso sí, escuche mis últimos dos ruidos: el ronquido frenético, tipo mosquito muerto de hambre, de la Vespa de dos tiempos y el golpe de la rueda y el faro de las luces sobre mi retaguardia. Después, fue todo silencio, te diría que hasta se me oscureció más la noche. Alcancé a verla a Eliana de rodillas al lado mío, me hablaba. ¿Querés creer que aunque estaba cerca tampoco pude entender que me decía? Me pareció como si hubiera vuelto a mi casa, allá en el pueblo. Ahora me sentía tranquilo. Cómo en paz.

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Sep
15th

Israel esclavo en Egipto

Bueno, he vuelto. A escasos 6 días de mi cumpleaños retorno con la publicación de un nuevo cuento que me gustó mucho. Este cuento es de Fernando Murano y está ambientado en el antiguo egipto. Bueno los dejo con este muy buen cuento…¡Disfruten!

—¡Rafael! ¡Rafael! — La voz retumbó como un trueno, no había enojo en ella.

—Sí Señor, ¿qué necesitas? — contestó el ángel, un poco agitado por la prisa, al tiempo que se ponía en pie frente al trono.

—Tenemos una misión muy importante para ti, Rafael —Dijo, con voz suave y dulce, el Altísimo.

Los grandes ojos azules del joven se agrandaron más aún, expectantes, por saber que sería aquello tan importante.

—Sí Señor, dime —se apresuró ansioso.

Dios se levanto de su estrado. Su magnífica figura se detuvo junto al ángel, su brazo derecho rodeó el hombro del joven de una forma muy paternal mientras su mano izquierda señalaba hacia abajo.
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Jun
23rd

Dientes de León

Bueno aquí va otro cuento esta vez nuevamente de otro autor… o autora mejor dicho. Su nombre es Claudia Noemí Monterroso Martínez. La verdad que este cuento me gustó mucho. Sobretodo porque el tema principal nunca se menciona explícitamente lo que deja un buen margen de interpretación, algo que particularmente aprecio, no solo en obras literarias sino en otras disciplinas. Bueno, sin más los dejo que lean tranquilos… ¡Disfruten!

Tan blanco como la nieve, dientes de león mostraba su ingenuidad. Simple, sencilla, a lo lejos vulnerable. Noble, eso ni dudarlo. Muchos la veían, muchos la admiraban, cómo no, es ejemplar. Su blancura atraía las miradas. Dientes de león, su nombre, ¿por su fuerza?

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May
12th

Desaparecido

BOtra vez yo!! y otra vez otro cuento de Javier R. Comollo. Este es un cuento “raro” (como me gustan a mí) y a la vez de muy corta duración. Bueno nada más por decir ¡Disfruten!

CUANDO VEO LOS MENDIGOS POR LA CALLE Y DURMIENDO EN LAS VEREDAS. HOMBRES JÓVENES, SIN IDENTIDAD, PIENSO QUE EN ALGÚN MOMENTO DE SUS VIDAS, TUVIERON UNA.

Un buen día, se levantó de la cama con 20 años y se acostó por la noche con 50. Después de mantener una agria discusión con su mujer por la división de las tareas de la casa, durmió vestido en el sofá, incómodo entre los almohadones, y arropado por el sonido y la luz hipnótica de la televisión por la madrugada. La luz diurna que se filtraba por una persiana mal encajada, y que nunca había sido arreglada, lo despertó antes de tiempo. Dormido todavía, deambuló por la casa, una casa que le pareció extraña. Una mujer joven, tan extraña como la casa, apareció en la puerta de la cocina donde él buscaba algo para comer. Ella asustada le gritó:- Quien es usted??!! Que hace??!! Váyase ya o llamo a la policía !!! Ahhh!!!-.
Él solo pudo balbucear algunas palabras: - Está bien…no te asustés…ya me voy -. Y abrió la puerta de calle y se fue.
La mujer tuvo que esperar un tiempo que le pareció eterno hasta que la desaparición de su marido fuera oficial y pudiera ponerse en marcha el mecanismo de búsqueda. Ella había llamado insistentemente a la policía, a las pocas horas cuando él no había vuelto para el mediodía. Un policía lo paró en los suburbios, caminaba pausadamente por una vereda desierta a lo largo de un alambrado que separaba la fábrica de la calle. Lo miró con esa mirada que tienen los policías, desprovista de todo rasgo de humanidad, lo miró sin decirle nada pero no pudo reconocerlo porque él ya era otra persona. Lo dejó seguir. Respiró tranquilo y siguió caminando con su bolsita de supermercado y un palo largo haciendo las veces de bastón. Miró al cielo, amenazaba lluvia.

Javier R. Comollo

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Abr
29th

El Corazón helado de Rosario

Bueno gente, tanto tiempo verdad?? Bueno esta vez voy a subir un cuento aportado por Javier R. Comollo. Este cuento está ambientado, como se habrán dado cuenta, en Rosario, y nos relata la “aventura” de un hombre en dicha ciudad. Pero como no me pagan por ser narrador, voy a dejar que lo lean por ustedes ¡Disfruten!

Para ser franco, tengo que empezar por reconocer que aquel Junio no me encontraba en mi mejor momento. En pos de la nada, caminaba por las calles de Rosario. Unos días, era la Avenida Pellegrini, con sus edificios en hilera, y otros, más clementes, por el Boulevard Oroño, allí podía sentarme bajo las flacas palmeras que habían plantado en reemplazo de las gordas y viejas que estuvieron desde siempre. Es la calle más linda de la ciudad. Me recuerdo parado en la acera, boquiabierto ante la suntuosidad de las viejas casonas y mansiones, preguntándome quienes eran los dueños de aquellas hermosas construcciones.

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