Feb
5th

Maldita Gelatina

Bueno gente, hemos vuelto por la senda por la cual fue creado este blog…. los cuentos. Acá voy a subir un cuento nuevo, aportado por Tatogahan de Mercedes, Buenos Aires. Trata sobre Carlitos, una persona insegura y con serios problemas de comunicación con el sexo opuesto…pero no les pienso contar nada más, léanlo por ustedes mismos ¡Disfruten!

Mediodía de un asfixiante calor en la ciudad, terminando ese verano de escasa agua, Carlitos que a través de sus años había combatido con esos virus o gérmenes bucales, había llegado al final, y estos lograron derrotarlo ya hace un tiempo atrás, el siempre decía no me llevo bien con los años impares terminados en siete y era solo el comienzo. Ya hacia más de 28 años que no trabajaba y con el sudor de Omar su padre logra poder cubrir esos vacíos que impedían mostrar esa sonrisa que oculto durante tanto tiempo. Una gran felicidad sintió al verse en ese espejo que siempre lo deprimió y su autoestima se elevó tanto que podía reflejarse a través de sus ojos.
En su primer día, y las semanas que siguieron, tuvo que sacrificar sus deleites, carnes asadas, pollos al horno, las ricas milanesas con papas fritas y huevos fritos de los martes que Mirta, su madre, le preparaba. Lo único que se le había permitido era esa maldita gelatina.

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Nov
21st

Recuerdos

Archivado bajo Cuentos, Cuentos Míos | 3 Comentarios

Lamento la ausencia (prolongada, por cierto) pero debido a unos contratiempos de índole personal y también complicaciones técnicas con el blog no pude actualizar ni siquiera subir algún dato curioso. Este post no pretende ser una reinauguración ni nada menos. Pero, para “llenar” el vacío que dejaron la ausencia de posts, he aquí otro cuento de mi autoría. Este cuento en particular lo escribí todo de un tirón, sin reescrituras ni nada por el estilo. Radica allí también la longitud (o más bien la falta de ella) que no se corresponde con mis anteriores cuentos. Bueno basta de cháchara y a leer cara**!!!!! Como siempre….¡Disfruten!

¿Dónde quedaron mis años? ¿Dónde quedaron esos momentos hermosos que viví? Supongo que es lo mismo que se preguntarán todos, pero ¿como pensar en estos sentimientos de manera objetiva?
Siempre vengo a este lugar, a la noche. Uno de los pocos lugares donde encuentro paz. Vengo religiosamente todos los días y me paso horas y horas caminando y meditando sobre mis años pasados. Curiosamente nunca pienso sobre los años que vendrán, simplemente no empeño tiempo en ello. A menudo recupero memorias que creía haber olvidado, como la vez que cumplí 8 años. Ese cumpleaños lo festejé en un salón, como se acostumbraba en los tiempos en que yo era chico. Un hermoso salón que mi mamá había decorado de manera espectacular. Recuerdo la impaciencia que me invadía cuando esperaba ansiosamente la llegada de mis compañeros de clase. ¿Qué regalos me traerían? ¿Vendrían todos mis amigos? Rezaba con que nadie repitiese su regalo, como me había pasado anteriormente. Esperando en el salón mi papá y mi primo me llevaron a la juguetería más cercana donde me pidieron que eligiera algún juguete. Cabe destacar que amo las jugueterías, me parecen uno de los pocos lugares donde la imaginación no se ve limitada. Aún cuando era mayor seguía visitándolas.

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Oct
1st

Cuarta Persona

Otro cuento lokoo. No, en serio, este cuento es quizás el más normal de mis cuentos pero a su vez extraño en narración. Soy así vio, qué se le va a hacer. Leanlo, y ustedes juzguen. ¡Disfruten!

Me encantan estos días, estos días en los cuales el sol resplandece como si fuese una pieza de oro real. Son aproximadamente las 9 de la mañana y espero unos minutos para despertar a mi mujer de la manera más amorosa y tierna que pueda, para luego invitarla a pasar el día fuera junto con nuestro hijo.
Mientras espero me enjuago las manos en el lavabo y aviento un poco de agua fría para despabilarme. Con la cara empapada me miro al espejo observando con especial atención cada una de mis características. Mi nariz prominente, mis labios perfectos (según mi mujer), mis ojos color azabache. Al mirar directamente en mis propios ojos quedo totalmente paralizado y atrapado por el color profundo de los mismos, achicando cada vez mas mi ángulo de visión hasta que salgo del estado hipnótico en el que me encontraba alejándome lentamente para poder apreciar el pelaje de color negro profundo de mi mascota, Charcol. Lo llamé así por su pelaje negro reminiscente del carbón, es por eso que Charcol es una deformidad de la palabra charcoal (carbón en inglés). Es un gato con una inteligencia casi a la par de la de un humano. No es por exagerar, sino que es verdaderamente inteligente; basta con observarlo cazar su platillo favorito, los insectos. No caza como cualquier animal que podrían ver en un documental sino que se divierte con ellos haciéndolos correr o poniéndolos boca arriba y viceversa, algo que me asombra ya que un animal que se dice se basa en el instinto, abusa de su poder para con otro ser vivo. Esa característica es propia del ser humano, y qué utilizada ¿verdad?

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Sep
2nd

El Coleccionista

Archivado bajo Cuentos, Cuentos Míos | 1 Comentario

Mirá, mirá tengo un cuento, mirá. Desvarío de lado les dejo mi última y más brillante creación (cualquieraaaa chabón). Bueno, el calificativo se lo ponen ustedes. Acuerdense de firmar no sean f*****. ¡Disfruten!

Siempre me maravillaron las cosas pequeñas, no me malinterpreten, toda la vida preferiría un abundante plato de comida a una porción minúscula digna de un pájaro; pero a lo que me refiero es a los detalles pequeños. Por ejemplo, cuando era niño coleccionaba soldaditos de plomo. Eran hermosos, cada uno con su respectiva arma y pose específica para cumplir su rol en el combate que mi mente, conjunta con mi imaginación, designase. Los compraba en unas revistas que vendían en los kioscos importadas desde Europa y cada vez que salían, el lunes de cada mes, iba corriendo al kiosco de mi barrio a comprarlas ya casi, como decía mi madre, de manera compulsiva.
Pero los comentarios de ella no me importaban demasiado porque cuando abría el paquete en el cual se encontraba envuelta la revista sentía una excitación y una emoción inigualables, es más, una vez sacado el soldadillo de plomo lo dejaba a un lado y me ponía a ojear la revista casi de un modo agresivo buscando cuantos números faltaban para completar mi colección o, por lo menos, que figura me tocaría el próximo lunes del mes siguiente. Una vez satisfecho mi apetito parcial por saber cual sería mi próxima figura a adquirir retomaba la figura nueva y la ponía junto a sus nuevos amigos, a los cuales, supongo, ya había conocido en donde los fabrican. Ahora a ustedes quizá les parecerá una manía estúpida o dirán, que desperdiciaba mi niñez con semejante banalidad, pero si sólo supiesen la alegría que yo tenía al jugar con ellos.

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Ago
20th

Izquierda, derecha, izquierda, derecha…

No, no es una clase de gym. Este cuento es de Hugo Domínguez de México. Llegó a mis manos a través de mi mail donde vos también podés enviar cuentos propios. Por si no se acuerdan o no lo encuentran, acá está el link con todo lo necesario. Con todo dicho les dejo el cuento. ¡Disfruten!

Ahora te encuentras sentada, con la cabeza gacha y posiblemente con los tobillos cruzados debajo del escritorio que tienes enfrente. Te duele la cabeza, ya has leído quince cuentos hoy. Esa promoción de “escribe un cuento de terror, máximo una cuartilla y llévate tres libros”, te esta poniendo muy nerviosa últimamente. No has podido dormir bien y como ahora, te ha provocado un pequeño pulsar en la sien izquierda que es realmente molesto. Te frotas la frente con la mano derecha y con la izquierda dejas sobre el escritorio la hoja del cuento que acabas de terminar de leer, donde al final matan a una mujer llenándole la boca de canicas y así asfixiándola. Esa maldita promoción de escribe un cuento.
Te frotas los ojos debajo de los lentes y descubres en el reloj que ya es hora de irse. Observas el tiradero que hay frente a ti. Hojas por todos lados de cuentos de ensangrentados y vampiros y no se que tanto mas. Ya estás harta de leer acerca de sustos y espantos. Suspiras profundo y el eco de tu respiración se implanta en toda la habitación y parte del pasillo. Abres los ojos y te pones alerta. El silencio te hace pensar que es tardísimo, pero apenas son las siete de la noche, bueno, una hora mas que tu salida normal. Hechas una maldición a los faxes y te levantas de la silla que lanza un rechinido de protesta, mañana llamaras a mantenimiento para que le den una aceitada, piensas mientras tomas de la silla tu saco color beige y te lo pones. Ha estado haciendo frió últimamente. Se acerca invierno. Se acerca navidad. Fin de año.

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